-No lo hagas Cristina, ¡no lo hagas!- Dijo el mendigo con el rostro atemorizado y se abalanzó sobre ella. La tomó de los hombros, la miró a los ojos y se lo repitió, está vez con más calma. Ella se asustó, trato de zafarse pero él insistía y la zamarreaba. Cristina gritó por ayuda, en el instante otras personas que observaban se abalanzaron contra el hombre y lo golpearon.
Una felicidad inesperada me visita
5/04/2011
-No lo hagas Cristina, ¡no lo hagas!- Dijo el mendigo con el rostro atemorizado y se abalanzó sobre ella. La tomó de los hombros, la miró a los ojos y se lo repitió, está vez con más calma. Ella se asustó, trato de zafarse pero él insistía y la zamarreaba. Cristina gritó por ayuda, en el instante otras personas que observaban se abalanzaron contra el hombre y lo golpearon.
4/16/2011
2/24/2011
Imagino mañanas cálidas, con lecturas y jugo de naranja. Salgo a la calle. No noto el cordón montañoso, pukará del desierto, me apremia el reloj.
Hay niños, hay risas y hay juegos; las aulas están tristes. Yo me sumerjo en documentos y burocracia curricular. Es educación moderna.
Me incomoda el frío, el viento y la soledad. El cielo impetuoso, agujereado de luces pretendiendo ser constelaciones, es testigo de la ausencia de toda profundidad artística.
Asisto al teatro, pague ocho mil pesos, aunque no lo logro escuchar.
12/29/2010
7/22/2010
Francisca, te amo.
Pensaba en Francisca mientras caminaba por aquel sendero de la finca Abaroa. Había llegado ya hace un tiempo a Calama en busca de trabajo y aunque con el dolor de dejar atrás a su pequeña familia, se sentía acogido en esta tierra. Habían sido meses de ahorro, cansancio y soledad, pero rebosantes de esperanza.
No culminaba el atardecer y anhelaba que se estuviera ya leyendo en el sur su última carta, enterándose su amor de cuánto le extrañaba. Escribía de pasear juntos por Pablo Neruda, disfrutar del Loa, conocer Chiuchiu; confesábale la necesidad de besarla bajo la inmensidad de la noche fría y estrellada, ver los primeros pasos de Constanza, sentados en el parque José Saavedra.
-Francisca, por fin llegó el día, te vienes conmigo. Te amo.- Sonrió ella, al leer.
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2/23/2010

Las letras avanzan presurosas buscando ocultarse de la pluma frívola de la escritura sin sentido. Aquella que me dormía sin atajo, sin freno. Anestesiado y ausente me permití beber de un café letrado con sabor a autenticidad, que no causó otro efecto que dejarme ir de verso en verso, hasta caer en ti, conciencia mía, apartándome de lo banal que de a poco me dormía. Y no fue, sino hasta que tomé el lápiz y un papel cualquiera, que comprendí lo necesario de sentir para para plasmar en un par de letras, abrir los ojos del alma y percibir, entregándose a ese instante dejando fluir esos espasmos de desahogo, de llanto frustrado, de melancolía absurda o justificada, quizás un poco de efímera felicidad. ¿Dónde estás amor, dónde estás? Me pregunto sin voz, es difícil imaginar cómo seguir una vez abiertos los ojos, al parecer con los años, la vida simplona es lo que deseábamos. Yo soy un escritor de porquerías, porquerías que me han dado materialidad y poder, porquerías que han dado momentos intensos y fascinantes a mis lectores pero desgano, agonía y sequedad a mi esencia, necesito escribir de mí, de mis miedos y razones, necesito hacerlo por fin para mí, también para ti, por todo lo que no lo hice, por todo lo que no te besé y escribir de una vez la tristeza mía de no haber estado ahí, tomando tu mano mientras el dolor con él te llevaba.
2/04/2010
